sábado, 12 de octubre de 2019

Defiende tu vida, lucha por tu independencia, busca tu felicidad y aprende a quererte.

Hoy en día nos damos cuenta que la violencia contra la mujer es el resultado de milenios de sociedades patriarcales. La familia científica siempre ha sostenido que nuestros ancestros desarrollaron sociedades donde el sometimiento de las mujeres y la autoridad del hombre eran cosas probadas. De hecho, la relación hombre-mujer se entiende en términos de jerarquía y de dominio más que en términos de igualdad y de ayuda mutua, es decir, de complementariedad de tareas.
Hace 35 mil años, en el Paleolítico, comienzan a estructurarse las primeras civilizaciones agrupadas en clanes: hombres y mujeres vislumbran la finitud de la vida y conciben una esperanza de la continuidad después d la muerte, y empiezan a establecerse unos principios de espiritualidad. Este es el inicio de las primeras manifestaciones artísticas. El arte es la mejor manera de poder interpretar aquello que una civilización expresa de su día a día: costumbres, tareas y habilidades; en síntesis, sus maneras de estar en el mundo. En las formas de religión primitiva pueden observarse símbolos femeninos ocupando un rol protagonista.
En el Neolítico, hace 12 mil años, la era de cobre y del bronce se caracterizan por una mirada de prestigio hacia la feminidad. Las esculturas y representaciones femeninas son consideradas de naturaleza divina. No se asociaba al varón con la gestación de los hijos; suponían que la maternidad era producto de un soplo divino. Creían que esta divinidad moraba en los bosques, y que las mujeres quedaban embarazadas debido al poder de sus fuerzas.
En la antigua Europa, vivían en valles planos, escogidos por su bello entorno, buena tierra y agua, y con campos de pastoreo. La riqueza, en despliegues de símbolos de la naturaleza asociados con el culto a la Diosa, da cuenta de la admiración por la belleza del misterio de la vida. En estas sociedades reinaba la igualdad entre los sexos y entre los pueblos.
Creta fue la última civilización conocida donde la adoración de la Diosa sobrevivió a los tiempos históricos, su estilo artístico vivaz y alegre, nos habla de su modo de vida y del progreso que disfrutó en sus 4 mil años. La religión era un asunto feliz y el arte no inmortalizó hechos de guerra.
El caos hizo estragos entre el 1500 y el 1100 a.C. Las bandas asolaron las zonas periféricas e invadieron estas tierras de manera progresiva, ocasionando choques culturales y desplazamientos de pueblos; los arios de la India, los kurgos de Europa Oriental, los aqueos y más tarde los dorios en Grecia, llegaron con poderosos guerreros y sacerdotes e impusieron sus dioses masculinos de la guerra y sus modos de vida a los pueblos que conquistaron. La forma de dominar a las antiguas culturas era matando a los hombres a niños y apoderándose de las mujeres para favorecer el mestizaje. Una conducta que aún se pone en práctica en pleno siglo XX como pudimos observar en la guerra de los Balcanes; con este cambio en la estructura cultural, la figura del hombre se hace preponderante.
La mujer, en general, ocupa en el mundo antiguo, un lugar humillante. En la India lo determinan las leyes de Manú, escritas por los sacerdotes brahmanes; en China el patriarcado rebaja a la mujer a la categoría de objeto; en Caldea y Asiria, el código de Hammurabi la trata como esclava de su marido. En la tierra de Israel, la Palestina antigua, el destino de la mujer era casarse y pasar de propiedad del padre a la del marido, y tenía incapacidad jurídica. Era considerada impura durante el ciclo menstrual o al parir un hijo y debía realizar ritos de purificación para poder compartir nuevamente el lecho conyugal.
En Roma las mujeres quedaron bajo la autoridad patriarcal y la sumisión al hambre era total, en el mundo romano la mujer estaba destinada a la reproducción a partir de los doce años; las esclavas servían para dar satisfacción a los amos y para la reproducción. Cuando por fin la esposa puede retirarse del tálamo matrimonial, es la esclava la que la sustituye. En el siglo I,  con el cristianismo, las mujeres de todas las clases sociales obtuvieron el derecho a heredar bienes inmuebles sin autorización del padre o marido.
A finales del siglo XII, la revolución gregoriana impuso el celibato y prohibió a las mujeres su participación en los actos religiosos, incluso les prohibió participar en los cantos religiosos. Es en esta época cuando se va imponiendo el poder de la jerarquía católica romana en detrimento del poder del monasterio. La cultura se traslada del monasterio a la universidad y se prohíbe el acceso a las mujeres. Esta situación es aprovechada por el varón para impedir el acceso de las mujeres a las profesiones liberales que hasta entonces desempeñaban, como eran las de barbero o cirujano. En el siglo XIV la mujer ya es muerta civil y una nueva legislación familiar hace de ella una incapacitada jurídica. Una situación que se mantiene en los siglos XV y XVI. En el siglo XVII, el protestantismo eleva la condición de la mujer: Cuáqueras y anabaptistas se hacen misioneras. Hay una emigración al nuevo mundo que le promete mejoras. Sin embargo, y aunque débilmente en el siglo XVIII aparecen voces que delatan sistema. En 1792, Mary Wollstonecraft, una de las primeras mujeres feministas de la historia, escribe un ensayo sobre derechos de la mujer. De hecho, las mujeres apoyaron a Revolución Francesa, pero después de utilizar todos sus esfuerzos, el código Napoleónico las sometió nuevamente a la voluntad del marido y se volvió a decretar su muerte política.
El siglo XIX es el del capitalismo salvaje, existe unanimidad contra el trabajo femenino y se declaran huelgas cada vez que se contrata a una mujer, se las sometía a trabajos esclavistas con remuneraciones misérrimas. En el siglo XX, con la primera Guerra Mundial, se facilitó el trabajo de la mujer en las fábricas; entre otras medidas, se crearon guarderías para sus hijos, porque era necesario disponer de mano de obra. Después de la guerra parecía que se había conseguido la igualdad entre hombres y mujeres alcanzando el tan ansiado “a igual trabajo, igual salario”. Pero esto fue solo una ley, porque en realidad no se cumplió.vEn Latinoamérica, en estos últimos 50 años, ha habido un avance en el número de mujeres presentes en la economía, en la política y en la justicia. En este sentido, podemos destacar que hubo presidentes de las Repúblicas de Argentina, Bolivia y Nicaragua. La discriminación positiva en los países del primer y tercer mundo es un hecho relevante. Por ejemplo, en Argentina la ley obliga a que el 33% de los miembros de las listas de los partidos políticos sean mujeres.
Aunque a lo largo de la historia, como hemos visto, la mujer ha sido temida y perseguida, aun hoy existen sociedades regidas por culturas matriarcales, como en el Himalaya. Sin embargo, ni nuestro pasado ni el presente pueden describir nuestro potencial; la sociedad usa solo una parte de sus recursos; el resto se atrofia por el miedo, las prohibiciones, los perjuicios y las ataduras a mitos antiguos y obsoletos. El futuro depende de un pasado bien cicatrizado y un presente bien vivido.

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